Mi trabajo siempre ha surgido de dos impulsos básicos: el deseo de comunicar mi comprensión de los colores, las formas y las personas que me rodean, y la fascinación por la interacción de los materiales, pues disfruto de las sorpresas. Gran parte de mi obra figurativa inicial era emotiva y a menudo sarcástica, un intento de comunicar historias intuidas a partir de fotografías antiguas. Me formé durante dos años como pintora en el Bard College (Nueva York, EE. UU.), pero por lo demás soy en gran medida autodidacta: también he incursionado en el dibujo animado, la cerámica, la ilustración y el arte digital, pero siempre he vuelto a la pintura.
Tras finalizar una colaboración para un libro infantil en 2020, di un giro hacia la abstracción, quizás porque la figuración siempre me ha parecido sencilla y buscaba un desafío, pero también porque la abstracción ofrece, sin duda, la mayor oportunidad para la experimentación y el juego, es decir, para las sorpresas. Mi objetivo actual es evocar patrones creados por la luz, la sombra y el reflejo: esas glorias inefables, parcialmente visibles, que pueden sorprendernos repentinamente en la vida cotidiana. Convencido de que nuestro mundo hiperconectado ha mermado nuestra capacidad de asombro, deseo reavivar la admiración, la curiosidad y el deleite en quienes contemplan mi obra. La abstracción es, con diferencia, lo más difícil que he intentado jamás; me mantendrá muy ocupado durante al menos los próximos 58 años.
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My work has always sprung from two basic urges: a desire to communicate my understanding of the colors, shapes, and people around me, and fascination with the ways materials interact, because I delight in surprises. Much of my early figurative work was emotional and often sarcastic, an attempt to communicate stories intuited from old photos. I trained for two years as a painter at Bard College in upstate New York (US) but am otherwise largely self-taught: I’ve also tried my hand at cartooning, ceramics, illustration, and digital art but have always come back to painting.
After finishing a children’s book collaboration in 2020, I pivoted to abstraction, perhaps because figuration has always seemed straightforward to me, and I wanted to be challenged, but also because abstraction arguably offers the greatest opportunity for experimentation and play — i.e., surprises. My current goal is to evoke patterns made by light, shadow, and reflection: the partially seen, ineffable glories that may suddenly ambush us in daily life. Believing that our hyper-connected world has dulled our capacity for wonder, I want to reawaken amazement, curiosity, and delight in those who see my work. Abstraction is by far the most difficult thing I have ever attempted; it will keep me very busy for at least the next 58 years.