Actualmente estudia Artes Visuales en San Miguel de Allende. Su práctica abarca disciplinas como el dibujo, la escultura, la escritura y la joyería.
A lo largo de su camino ha buscado una conexión íntima entre el cuerpo, la emoción y los materiales. Su obra se construye desde la necesidad de traducir lo sensible en forma: lo que duele, lo que permanece, lo que arde.
Para amaranta, la emoción es materia prima. Desde ahí crea piezas que invitan a quien las ve o las lee a conectar con su propia sensibilidad, apelando a lo íntimo como vía de resonancia colectiva.
Explora la vulnerabilidad no como debilidad, sino como espacio fértil de creación, resistencia y transformación. Su búsqueda es con la intención de que el arte se vuelva un espacio para mirar adentro y verlo afuera también, sentir la comunidad.