(Camerino Mendoza, Veracruz, 1913 – Ciudad de México, 1998)
Reconocida por su estilo surrealista y onírico, fue una de las figuras más singulares del arte mexicano del siglo XX. Aunque inició su carrera artística de manera autodidacta ya en la madurez, en 1964, rápidamente destacó por la creación de paisajes metafísicos y atmósferas fantásticas habitadas por figuras etéreas. Su obra se caracteriza por una técnica minuciosa y una paleta de colores suaves que evocan un mundo de sueños, paz y profunda introspección.
Su trayectoria está marcada por un suceso trascendental: en 1968 fue encarcelada en Acapulco tras declararse culpable de la muerte del esposo de su hija (un caso envuelto en controversia). Durante sus cinco años de reclusión, transformó su celda en un taller y cubrió los muros de la prisión con murales, siendo el más famoso el realizado en el comedor de la cárcel con la colaboración de artistas como Rafael Coronel y Alberto Gironella. Esta etapa reafirmó su creencia en el arte como una herramienta de libertad espiritual y supervivencia.
Autora de libros como "El color del aire" y "Bassi", su impacto traspasó las fronteras de México, logrando exponer en importantes galerías de Nueva York, París y Tel Aviv. Además de su labor pictórica, participó activamente en la vida cultural del país y colaboró en el diseño de vestuarios y escenografías, dejando un legado donde la realidad y la fantasía se entrelazan de forma inseparable.
En la colección de arte UDLAP se encuentran dos de sus serigrafías, las cuales son “La Quijota” y “Tanagraz Volando”.
Reconocida por su estilo surrealista y onírico, fue una de las figuras más singulares del arte mexicano del siglo XX. Aunque inició su carrera artística de manera autodidacta ya en la madurez, en 1964, rápidamente destacó por la creación de paisajes metafísicos y atmósferas fantásticas habitadas por figuras etéreas. Su obra se caracteriza por una técnica minuciosa y una paleta de colores suaves que evocan un mundo de sueños, paz y profunda introspección.
Su trayectoria está marcada por un suceso trascendental: en 1968 fue encarcelada en Acapulco tras declararse culpable de la muerte del esposo de su hija (un caso envuelto en controversia). Durante sus cinco años de reclusión, transformó su celda en un taller y cubrió los muros de la prisión con murales, siendo el más famoso el realizado en el comedor de la cárcel con la colaboración de artistas como Rafael Coronel y Alberto Gironella. Esta etapa reafirmó su creencia en el arte como una herramienta de libertad espiritual y supervivencia.
Autora de libros como "El color del aire" y "Bassi", su impacto traspasó las fronteras de México, logrando exponer en importantes galerías de Nueva York, París y Tel Aviv. Además de su labor pictórica, participó activamente en la vida cultural del país y colaboró en el diseño de vestuarios y escenografías, dejando un legado donde la realidad y la fantasía se entrelazan de forma inseparable.
En la colección de arte UDLAP se encuentran dos de sus serigrafías, las cuales son “La Quijota” y “Tanagraz Volando”.